En México, los cárteles son mayoritariamente privados y solo en el caso del Estado de Guerrero penetraron una importante entidad federal. En Venezuela, son mayoritariamente públicos. Con esta afirmación inicia un artículo de opinión el reputado periodista Manuel Malaver, publicado hace un poco más de un año en el semanario La Razón de Venezuela, a propósito del cual sostuvimos una conversación con el periodista y escritor para actualizar su contenido.

Como el “Cártel de los Soles” no produce hojas de coca, no procesa pasta ni refina cocaína, su presencia había resultado algo difusa hasta ahora para los cuerpos de seguridad y comunicadores que investigan el tráfico de drogas en Venezuela, América Latina y el mundo.

Sin embargo, para quienes aseguran —como Malaver— haber investigado el tráfico de cocaína en Venezuela desde sus tempranos orígenes, el auge que experimentó en tiempos de militares en el poder no es en absoluto una sorpresa, pues ya en su libro La DEA contra la Guardia Nacional de Venezuela (Gama Editores, 1999, Caracas, Venezuela) alertaba que, si no se castigaba a los narcomilitares de la “Operación Norte”, Venezuela se convertiría en la Colombia de los 2000.

Tuve el honor de participar como una de las fuentes consultadas en la investigación que precedió la edición del libro.

En próximas publicaciones ahondaremos en detalles y anécdotas en relación con las oscuras “entregas controladas” o vigiladas y sus consecuencias en la sociedad y en los cuerpos de seguridad en Venezuela. Fue a partir del año 2005 cuando empezaron a ser reguladas a través de la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada. También daremos a conocer interioridades de la célebre “Operación Norte”, las actuaciones de la representante de la DEA y sus fiestas con narcotraficantes, la relación amorosa con Ramiro Helmeyer, los secuestros para cobrar recompensas y el porcentaje de las incautaciones que recibían los informantes, entre otras cosas.

(**) Recordaremos las numerosas evidencias que comprometían a los oficiales del Comando Nacional Antidrogas, encabezados por Ramón Guillén Dávila y Orlando Hernández Villegas, quienes terminaron convertidos en socios de los narcotraficantes. Los nombres de los oficiales que se dejaron corromper en las investigaciones de RECADI luego reaparecen en las “entregas controladas”.

(***) Es en este momento cuando Pedro Luis Martín Olivares inicia su carrera delictiva como informante de la DEA.

No se equivocó Manuel Malaver, y el tiempo le dio la razón.

LA VENGANZA DEL ESCOLTA

Leamsy Salazar

Las escandalosas filtraciones atribuidas a un oficial de la Armada, el capitán de corbeta y jefe de escoltas del difunto presidente Chávez, Leamsy Salazar, quien posteriormente se acogió al programa de protección de testigos de la DEA en contra de Diosdado Cabello, a quien acusó entonces de liderar el “Cártel de los Soles”, son producto de una venganza personal, de acuerdo con las fuentes de información consultadas en Washington. Más allá de sus declaraciones, no hemos podido descubrir ninguna prueba tangible que lo respalde. Dichas declaraciones dieron origen a un encausamiento judicial en contra de Cabello.

Hoy esta trama vuelve al tapete de la opinión pública internacional.

“Quien decía FARC decía narcoguerrilla, alianza y protección de los cárteles de Cali y Medellín”.

¿Cómo pudieron los jóvenes oficiales del 4 de febrero y del 27 de noviembre del 92, que en su mayoría iban de subtenientes a tenientes coroneles, integrarse a una organización que, como su denominación lo indica, la conformaba el generalato de la Guardia Nacional?

¿Era posible que hombres como Chávez, Arias, Cabello, Ameliach, Castro Soteldo, Otayza, Blanco La Cruz, Carvajal y otros sintieran alguna atracción por una actividad o negocio que era cosa de “yanquis y colombianos” y que en Venezuela empezaba a ser identificado con el “odiado” Cuarto Componente?

Llama poderosamente la atención que en los distintos pronunciamientos, documentos, bases ideológicas y programáticas (El Árbol de las Cinco Raíces) que se produjeron antes y después del 4-F, entre los males nacionales, el narcotráfico nunca es mencionado ni una sola vez.

MALAS JUNTAS

Todo parece haber cambiado cuando las FARC, supuestamente, se aproximan al “fenómeno Chávez” a comienzos del 97. El teniente coronel empieza a perfilarse como posible ganador en las elecciones presidenciales de diciembre del 98, y se dice que el comandante Raúl Reyes, canciller itinerante de la guerrilla, viaja a Caracas para ofrecerle al candidato un préstamo de 5 millones de dólares para la campaña, a ser cancelado una vez que se instalara en Miraflores.

Pero más allá de la anécdota, lo cierto es que Chávez inicia su mandato a comienzos del 99 con un furioso discurso antigobierno y antioligarquía colombianos, prohibiendo el ingreso de camiones de carga neogranadinos al territorio nacional —que estaban permisados por los acuerdos de la CAN— y declarándose neutral en el conflicto interno que sostenían desde hacía 50 años liberales y conservadores de un lado, y los hombres de Marulanda del otro.

Ahora bien, quien decía FARC decía narcoguerrilla, alianza y protección de los cárteles de Cali y Medellín, ingreso de ingentes cantidades de dólares más allá de lo inimaginable y la utilización de los mismos en la dotación de una guerrilla que podía desafiar al ejército regular en una guerra de posiciones, en tanto pagaba sueldos a soldados y oficiales que, en modo alguno, podían permitirse las entonces maltrechas fuerzas castrenses institucionales de Colombia.

En esos meses, la acuciosidad de periodistas como Roberto Giusti, Patricia Poleo, Ibéyise Pacheco y Marianella Salazar empieza a filtrar videos a los medios donde oficiales de las Fuerzas Armadas Nacionales traspasan las fronteras y van a compartir en los campamentos que, en territorio colombiano, tienen los hombres de Marulanda, Grannobles, Timochenko y el Mono Jojoy.

También se da a conocer material audiovisual de comandantes guerrilleros visitando los cuarteles venezolanos, siendo presentados a la tropa y, de alguna manera, celebrados por oficiales y comisarios ideologizados que ya comparten la frase que Chávez dirá el 5 de febrero de 2008: “Venezuela no limita en su frontera occidental sino con las FARC y sus leyes”.

Manuel Malaver insiste en recordarnos que los rumores entonces aseguraban que flotas de camiones del hermano país cruzaban la frontera y se dirigían con su carga al oriente venezolano, donde era embarcada por Guanta o por las aisladas playas del estado Sucre, rumbo al Caribe, Centro y Norteamérica. Nuestras propias investigaciones confirman que buena parte de la carga se transportaba en camiones propiedad de los hermanos Fernández Barrueco (socios de Adán Chávez), cuya flota estaba constituida por 230 camiones ATC.

Jhonnathan Marín, Douglas Martínez y las autoridades castrenses con competencia en esa zona participaban en la lucrativa actividad.

Ya no existía el cártel de Medellín ni el cártel de Cali, pues habían sido exterminados en la guerra que les declaró el presidente César Gaviria. Sus jefes estaban enterrados o pagaban largas condenas en la cárcel, pero surgieron retoños: los cárteles de La Guajira, del Norte del Valle y de Los Llanos, que, adaptándose al nuevo mapa, atravesaban serias dificultades. Y es que, si bien la producción de cocaína pudo ser restablecida, Gaviria y la DEA habían destruido los puertos y pistas de embarque en La Guajira y el oriente colombiano y, sin salida de la mercancía, no había recuperación posible.

Es entonces cuando las FARC les ofrecen una solución: las fronteras, ríos, costas, carreteras, puertos y pistas aéreas venezolanas están a su disposición, pues los “revolucionarios” que acaban de tomar el poder entienden que, aparte de una excelente fuente de ingresos, el narcotráfico es una forma de aplicación de la “guerra asimétrica”, que establece que no se debe desechar una herramienta ideal para “blanquear” al imperio y a sus aliados europeos, ya que son los primeros consumidores de una sustancia que, a la postre, inhabilita a su juventud, clase profesional y liderazgo.

(Destacado en recuadro)
IISS: Rodríguez Chacín pidió ayuda operativa y militar a las FARC
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En esta perspectiva, un punto de inflexión surge el 5 de febrero de 2002, cuando se rompen las conversaciones de paz en San Vicente del Caguán entre el gobierno de Andrés Pastrana y las FARC. Se decide la continuación de la guerra, y la organización guerrillera necesitaba más que nunca de su aliado venezolano para mantenerse a flote y triunfar.

Entonces se comentaba que el gobierno de Hugo Chávez, que se hizo representar oficialmente en las conversaciones de paz por el entonces parlamentario Pablo Medina y por el capitán Ramón Rodríguez Chacín, se comprometió a darle una ayuda más eficaz a las FARC y, por tanto, separó a Medina del manejo de las relaciones con la guerrilla —que mantenía desde 1996— y se las transfirió al capitán.

Era el inicio de una nueva época que auguraba —según Malaver— el anclaje en Venezuela del narcotráfico, pero no como una actividad de producción de coca, procesamiento de pasta y refinación de cocaína, sino de prestación del servicio de transporte, de la misma manera que los cárteles mexicanos también operaban como receptores de cocaína proveniente de Colombia, que luego transportaban a los Estados Unidos.

Supuestamente, Rodríguez Chacín construyó un corredor que se originaba en Guasdualito, en Apure, continuaba hacia Barinas, luego rumbo a Portuguesa, traspasaba Cojedes y Yaracuy, y establecía un gran centro operacional en el triángulo de los estados Carabobo, Aragua y Guárico.

(En una próxima entrega conocerán la historia del vicealmirante que llegó a lo más alto de la FAN, a pesar de su accidentada hoja de servicios, gracias a su eficiencia como “procónsul” del ELN en el estado Apure, por lo que el propio Chávez lo premió con una réplica de la espada del Libertador, para terminar en la cárcel del Rodeo por estafador.)

La DIM, en ese entonces bajo la dirección del general Almidién Moreno (asesinado en 2009 en Puerto La Cruz en un atentado ejecutado por sicarios) y, después, de Hugo “El Pollo” Carvajal, brindaba una amplia cobertura a las FARC y a sus narcoactividades, según se desprende de las confesiones hechas por el narcotraficante Walid Makled y el exmagistrado Eladio Aponte Aponte.

(Hugo Carvajal designa a Pedro Luis Martín Olivares como su “courier” personal de envíos de cocaína.)

Malaver nos asegura que Chávez no estaba dormido sobre el tema y que, a mediados de 2005, decide la ruptura del acuerdo que existía entre el gobierno venezolano y la DEA: expulsa a los funcionarios de esta última, prohíbe sus operaciones aéreas en la persecución de narcotraficantes y limpia los cielos para que estos puedan operar libremente.

Es en este contexto que se produce la captura, en el aeropuerto de Ciudad del Carmen (México), de un alijo de 5 toneladas y media de cocaína embarcadas desde Maiquetía por Makled y un capo del cártel del Norte del Valle, quien estuvo durante años operando en Venezuela. Se trata de José María Corredor, alias “El Boyaco”, y quienes confiesan que la droga era propiedad de las FARC y sería recibida por un cártel: La Federación, que controlaban Joaquín Guzmán, alias “El Chapo”, e Ismael Zambada, alias “El Mayo”. Este último acaba de declararse culpable unas horas atrás y también se acogió a un acuerdo de delación.

(La droga fue transportada en un avión de Aeropostal, que en ese momento estaba controlada por Makled, con el apoyo del entonces gobernador Luis Felipe Acosta Carles y la complicidad del presidente anterior de la aerolínea, Nelson Ramiz. En una próxima entrega ampliaremos con profundidad este punto para que ustedes conozcan las implicaciones de Leocenis García, Eladio Aponte Aponte, Alexander del Nogal, Berenice Gómez y Tannous Gerges.)

(También conocerán detalles sobre la fuga de (alias) “El Boyaco” José María Corredor, la cual se llevó a cabo más de 10 años después de retirarme de la DISIP y cuando yo residía en Panamá, pero que algún atrevido tuvo la osadía de atribuirme recientemente y así se lo hizo saber al apreciado Iván Ballesteros.)

Supuestamente, no fue el único alijo de miles de kilos de cocaína embarcados en puertos y aeropuertos venezolanos que han burlado, o contado con el permiso de, las autoridades civiles y militares, y que nos han colocado en el mapa de países que, como México, cuentan con poderosos cárteles y capos de la droga, y que han invadido —del lado mexicano— a Estados Unidos y —del lado venezolano— a países de la Unión Europea.

Claro, con una diferencia: en México, los cárteles son mayoritariamente privados y solo en el caso del estado de Guerrero penetraron una importante entidad federal. En Venezuela —según el periodista Manuel Malaver— son mayoritariamente públicos, estatales, han infiltrado y cuentan con el apoyo de los poderes públicos y de instituciones como la FAN, por lo cual él afirma que estamos en presencia de un narcoestado.

TODOS CONTRA DIOSDADO

Millones de dólares ha gastado en las últimas semanas Rafael Ramírez en tratar de aniquilar política, moral y civilmente a Diosdado Cabello, su archienemigo.
Ramírez está aplicando las más adelantadas técnicas de la guerra cognitiva, utilizadas por la CIA, para destruir reputacionalmente a Cabello y a toda su familia. Para ello cuenta con los servicios de un “pingüino HDP y su gran equipo de #HDP” y de dos periodistas gochos.

Siguiente entrega: LOS VERDADEROS FUNDADORES




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