Francisco D’Agostino Casado es un empresario conocido por su controvertida relación con Derwick Associates, una empresa de la que ha intentado desvincularse en varias ocasiones. Esta compañía obtuvo contratos con sobreprecios de cientos de millones de dólares para la instalación de plantas eléctricas en Venezuela durante el Gobierno de Hugo Chávez. Las plantas resultaron inservibles, pero permitieron a varios empresarios, posteriormente conocidos como “bolichicos”, ingresar al mundo de los negocios estatales en Venezuela.

D’Agostino Casado también es conocido por ser hermano de Diana D’Agostino, esposa de Henry Ramos Allup, exdirigente nacional del partido Acción Democrática, y de Dora D’Agostino, esposa de Eladio Lárez, abogado y presentador de televisión. Los hermanos D’Agostino Casado son hijos del empresario Franco D’Agostino, quien ha hecho fortuna en Venezuela con empresas de construcción y telecomunicaciones.

Recientemente, Francisco D’Agostino ha resurgido como financista del dirigente político Leocenis García. Según fuentes cercanas, D’Agostino patrocina los costosos viajes de García, incluida su reciente estancia en España.

El político Leocenis García, reapareció recientemente en escena, no en su natal Venezuela, sino en España. Su reaparición se produjo bajo el pretexto de un encuentro con el hijo del fallecido Adolfo Suárez, quien fuera presidente del Gobierno español. Adolfo Suárez es recordado en la historia como el primer presidente del Gobierno en la nueva etapa democrática de España, tras la dictadura de Francisco Franco. Su mandato se extendió desde 1976 hasta 1981, y jugó un papel crucial en la Transición española que siguió a la muerte de Franco en 1975. Esta transición marcó el regreso de la democracia y la instauración de una monarquía parlamentaria.

Leocenis García

Adolfo Suárez ostentaba el honor de haber sido el primer ministro de España, inmediatamente después de la Segunda República. Sin embargo, con la modificación de la Constitución española y la abolición del título de primer ministro, se creó el cargo de presidente del Gobierno español, que representa el puesto más alto a nivel parlamentario. Suárez fue designado para este cargo por el rey Juan Carlos I en julio de 1976. Su liderazgo fue fundamental en la legalización de los partidos políticos, incluyendo el Partido Comunista de España, y en la aprobación de la Constitución española de 1978. Además, Suárez triunfó en las elecciones generales de 1977 y 1979, consolidando su papel como líder democrático en España.

En Venezuela, algunos miembros de una facción de la oposición han estado luchando durante años para convertirse en presidentes del país, en una etapa de transición que esperan se produzca con la eventual salida de Nicolás Maduro del poder. Entre ellos han estado Antonio Ledezma y Timoteo Zambrano. Este último ocupó brevemente el cargo de secretario general de ProCiudadanos, el partido fundado en Venezuela por Leocenis García, entre abril y mayo de 2018. Sin embargo, Zambrano abandonó el partido debido a desacuerdos con García.

Ahora, parece que el propio Leocenis García aspira a emular en Venezuela la gesta de Suárez en España, con un hipotético periodo de transición democrática. Para ello, García ha iniciado diferentes acercamientos con el hijo de Suárez en territorio español.

En fechas recientes, Leocenis García ha estado navegando hábilmente por el paisaje político y comunicativo venezolano, impulsado por sus propias ambiciones. De manera sorpresiva, García ha emprendido la tarea de redimir la imagen de varios empresarios y sus conglomerados, quienes han estado envueltos en controversias en el pasado.

En Sextovisión, medio digital editado por García, han surgido publirreportajes de conglomerados como Petricca (Universidad Santa María), sin mencionar las columnas de opinión de García en otros medios, donde ha desplegado elogios hacia empresarios como Franco D’Agostino. Su objetivo constante ha sido retratar a estos grupos como honorables, creadores de riqueza, generadores de empleo e inversión en Venezuela. En el caso de D’Agostino, una columna aduladora de García fue dedicada al fundador del grupo, Franco D’Agostino.

Gracias a esos publirreportajes y columnas lisonjeras, García ha logrado ganarse la confianza de figuras como Francisco D’Agostino, hijo del empresario Franco D’Agostino. De hecho, Francisco D’Agostino se ha convertido en patrocinador de las actividades políticas de García, incluyendo su reciente viaje a España. Ahora, García también actúa como una especie de mercenario comunicacional para D’Agostino.

Sancionado por la OFAC

El 19 de enero de 2021 marcó un punto de inflexión en la carrera empresarial de Francisco Javier D’Agostino Casado. La Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC), perteneciente al Departamento del Tesoro, incluyó su nombre en la lista de sancionados. Esta medida no solo afectaba a D’Agostino, sino también a otros individuos y a entidades comerciales que buscaron eludir las restricciones impuestas a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Trasfondo y vínculos de un empresario polifacético

Nacido en Caracas el 2 de junio de 1974, Francisco D’Agostino se unió a través del matrimonio con María Victoria Vargas Santaella a una de las familias más prominentes del sector bancario venezolano, siendo su suegro Víctor Vargas, el mandamás del extinto Banco Occidental de Descuento (BOD). Además de su participación en el directorio del Grupo BOD, D’Agostino ha compartido intereses comerciales con Vargas en Element Capital Group, una empresa de gestión de riqueza con sede en Panamá, aunque también comparten la afición por el polo, deporte que tanto D’Agostino como su suegro practican.

María Victoria Vargas y Francisco D’Agostino

La red de influencias de D’Agostino se extiende más allá de sus lazos familiares y empresariales, confluyendo también en el panorama político. Con nacionalidades venezolana y española, es cuñado (hermano de la esposa) de Henry Ramos Allup, connotado dirigente del partido opositor venezolano Acción Democrática.

Con la mirada puesta en el sector energético, D’Agostino ha estado inmerso en el negocio petrolero desde al menos 2012, colaborando estrechamente con figuras como el italiano Alessandro Bazzoni y el suizo Philipp Apikian, en múltiples proyectos con PDVSA. Elemento Ltd, con sede en Valletta, Malta, es una de las empresas que, bajo su dirección, se encargó de comprar y revender crudo venezolano a clientes de terceros, intermediando al menos cinco cargamentos de petróleo de PDVSA entre julio de 2019 y julio de 2020.

Las sanciones de la OFAC

Las acciones de la OFAC contra D’Agostino y sus asociados se enmarcan dentro de una mayor investigación sobre la red de Alex Saab, empresario colombiano previamente acusado de lavado de dinero en Estados Unidos. D’Agostino, junto con Bazzoni, fue señalado por su conexión con esta red, acusada de burlar sanciones mediante la venta de crudo venezolano.

La OFAC no solo sancionó a individuos, sino que extendió su alcance a 14 empresas y 6 buques que buscaron sortear las sanciones a PDVSA. Entre los navíos listados se encuentran el Baliar, Balita, Domani, Fortuna, Freedom, Maximo Gorki y Sierra.

Escándalos anteriores y la crisis eléctrica en Venezuela

La controversia no es nueva para Francisco D’Agostino. En el pasado, fue demandado en Florida por su supuesta relación con Derwick Associates, una empresa venezolana de servicios de ingeniería que se encargó de la instalación y ensamblaje de plantas de generación eléctrica. A pesar de sus negaciones, existen pruebas que implicarían a D’Agostino en el directorio de Derwick y como financista de sus operaciones.

Derwick Associates ha estado en el centro de las acusaciones por la crisis eléctrica que azota a Venezuela. Se les señala de vender equipos chatarra al Estado y de haber fallado en incrementar la capacidad de generación eléctrica del país en 1.216 MW, tal como prometieron a través de 11 proyectos. La empresa ha sido acusada de sobrefacturación, agravando la situación energética nacional.

A pesar de que Francisco D’Agostino ha rechazado cualquier vinculación con las operaciones de Derwick Associates, testimonios de un exdiplomático estadounidense y un activista de derechos humanos apuntan a que hay evidencia que confirma su papel en la empresa y su participación en actividades irregulares.

La decisión de la OFAC de sancionar a Francisco D’Agostino subraya la intrincada red de conexiones políticas y empresariales que caracteriza a la elite venezolana. D’Agostino, al igual que otros empresarios, ha mantenido vínculos tanto con figuras de las administraciones de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, así como con sectores de la oposición. Sin embargo, las autoridades estadounidenses han sido claras al establecer que cualquier intento de burlar las sanciones impuestas a la industria petrolera de Venezuela no quedará impune.

Vínculos con la nobleza británica y pasión por la caza

Francisco D’Agostino ha sabido relacionarse con la alta sociedad europea, especialmente con la nobleza española y británica. Su vida ha estado marcada por el lujo, las fiestas, los viajes y la caza de animales exóticos.

D’Agostino está casado desde hace más de dos décadas con María Victoria Vargas Santaella, hija del banquero Víctor Vargas. Sus contactos le han permitido acceder a círculos exclusivos de la moda, el arte y la cultura. Por ejemplo, en el año 2009, asistió a cenas de gala en Los Hamptons, una zona residencial de lujo en el estado de Nueva York, donde se codeó con celebridades como la actriz Beth Ostrosky y los diseñadores Calvin Klein y Donna Karan. En esa época, se le vio muy cercano a la famosa y acaudalada diseñadora y empresaria Tory Burch, con quien posó para una foto en actitud coqueta, cuando entonces la diseñadora llevaba tres años divorciada de su otrora marido Christopher Burch, fundador y director ejecutivo de Burch Creative Capital, una empresa con sede en la ciudad de Nueva York que gestiona inversiones de riesgo y desarrollo de marcas. ¿Acaso en esa época D’Agostino no le estaba siendo muy fiel a su esposa, con quien ya llevaba varios años de casado?

La diseñadora y empresaria Tory Burch y Francisco D’Agostino (2009)

En el año 2014, Francisco D’Agostino y su esposa eran conocidos en Southampton, una villa ubicada en el condado de Suffolk, en el estado estadounidense de Nueva York, por las fiestas con animales que ofrecían para celebrar los cumpleaños de sus hijos.

Pero su relación más destacada es la que mantiene con su concuñado Luis Alfonso de Borbón, descendiente directo del rey Luis XIV de Francia y pariente lejano del rey Felipe VI de España. D’Agostino y Luis Alfonso son amigos íntimos y comparten su afición por las corridas de toros, a las que suelen asistir juntos en España.

Además, D’Agostino ha sido invitado junto con su esposa al Castillo de Alnwick, en el condado de Northumberland, Inglaterra, por el Conde Alessandro Guerrini-Maraldi, un amigo personal del duque de Northumberland, Ralph Percy. El duque y su esposa son muy selectivos con sus invitados, y solo reciben a un grupo reducido de personas cada año. Alessandro es un especialista en seguros que tiene una amplia red de contactos internacionales, entre los que se encuentran banqueros, inversores, administradores de fondos y propiedades, y otros empresarios como D’Agostino.

El Conde Alessandro Guerrini-Maraldi y Francisco D’Agostino en el Castillo de Alnwick (2015)

En el castillo, Alessandro organiza cenas formales y sesiones de caza para entretener a sus invitados, que suelen ir acompañados de sus esposas. En una foto del año 2015, se puede ver a D’Agostino y su esposa disfrutando de la hospitalidad del conde y del duque en el lujoso castillo.

De Derwick Associates a Jambanyani Safaris: sus negocios bajo la lupa

La presencia de D’Agostino en el Reino Unido y su relación con la nobleza británica trae a colación su supuesta asociación con Leopoldo Alejandro Betancourt, director de Derwick Associates, la empresa que vendió al Estado venezolano plantas eléctricas inservibles, por cientos de millones de dólares.

¿Tendrán que ver las relaciones de D’Agostino en Inglaterra con el hecho de que Betancourt se haya establecido en Londres, donde ha adquirido propiedades y ha invertido en otros negocios? D’Agostino ha negado haber sido parte de Derwick Associates, pero lo cierto es que tanto él como Betancourt han tenido una fuerte presencia tanto en España como en el Reino Unido en los últimos años. ¿Será una simple coincidencia o habrá una relación comercial entre ellos tras la atribuida sociedad que mantuvieron en Derwick Associates?

En meses recientes, se han revelado detalles sobre las relaciones que Francisco D’Agostino ha cultivado durante años con la nobleza española. Sin embargo, también ha surgido información sobre su interés por la caza furtiva en África, una actividad que el propio Francisco ha practicado, llegando incluso a establecer su propio safari para ofrecer este servicio a otros interesados en cazar animales en peligro de extinción. Esa actividad sigue generando un fuerte rechazo entre los conservacionistas.

Una pasión por los animales muertos

Los safaris en África han sido un tema recurrente entre los defensores de la preservación de animales, especialmente después de que se supo que Juan Carlos I, entonces rey de España, los practicaba como hobby. Desde entonces, se ha documentado cómo cazadores inexpertos, pero adinerados, pagan decenas de miles de dólares por animales seleccionados previamente para cazar en un recorrido turístico personalizado. Este servicio incluye alojamiento de cinco estrellas en medio de la selva o la sabana, con una carpa y ambiente iluminado con antorchas, además de la oportunidad de disparar a un animal específico, como un león, tigre o elefante, desde una distancia segura. Después, los turistas pueden retratarse junto al animal muerto, en diferentes poses, como colocar el pie sobre la cabeza del animal, dando la impresión de ser cazadores expertos.

Uno de los negocios de D’Agostino es Jambanyani Safaris, una empresa que fundó en 2019 junto con Craig Doria, un reconocido guía de safaris privados en África. Jambanyani Safaris, que al menos hasta antes de las sanciones de la OFAC contra D’Agostino en 2021, ofrecía tours personalizados en Zimbabwe, Zambia, Namibia y Botswana, con un campamento móvil que, según su portal, abrazaban «el romance del safari y la atemporalidad del verdadero estilo». Eso además, de organizar fiestas en sus campamentos para sus clientes, que solían ser personas adineradas y amantes de la naturaleza, pues los safaris tienen costos que alcanzan las decenas de miles de dólares.

La naturaleza que le gusta a D’Agostino no es la que se respeta y se conserva, sino la que se mata y se exhibe. D’Agostino es un cazador empedernido, que no duda en viajar a África para disparar a animales salvajes como leopardos, antílopes y jabalíes. En varias fotos que datan del año 2019, se le ve sonriente y portando rifles, junto a sus trofeos de caza, que yacen en el suelo sin vida. Las fotos fueron tomadas en Chewore, una zona montañosa y accidentada en el norte de Zimbabwe, donde D’Agostino contrató los servicios de Barry van Heerden, el líder del alojamiento y campamento Chewore, que se encarga de organizar safaris. Estas imágenes han causado indignación entre los defensores de los animales y los conservacionistas, que repudian la caza de especies en peligro de extinción.

D’Agostino no solo caza en África, sino también en Europa, donde participa en las sesiones de tiro que organiza su amigo Alessandro en el castillo de Alnwick. Además, es aficionado a las corridas de toros, una práctica que también ha sido criticada por su crueldad hacia los animales. En todas estas actividades, D’Agostino suele fumar un buen habano, como si se tratara de un ritual.

Francisco D’Agostino fumando habanos durante corrida de toros en España

Así, D’Agostino comparte el gusto por la caza que tienen algunos miembros de la nobleza española, como el rey emérito Juan Carlos I, que fue fotografiado junto a un elefante muerto en Botsuana en 2012.

Safaris sancionados y comercio con Pdvsa

En el año 2021, cuando la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos emprendió acciones sancionatorias contra el empresario Francisco D’Agostino, al venezolano se le vinculó como el principal propietario de Jambanyani Safaris, empresa especializada en la organización de expediciones de safari y la gestión de una reserva de vida silvestre en Zimbabue.

Sanción de la OFAC a Jambanyani Safaris en 2021

Con su sede en las adyacencias de las impactantes Cataratas Victoria, en la ciudad homónima, Jambanyani Safaris estableció su operación en 2019. Este enclave, reconocido como uno de los destinos safari por excelencia en África, atrae a viajeros de todo el mundo y se asienta en un punto estratégico que conecta a Zimbabue con Zambia, Namibia y Botswana.

Según declaraciones del Departamento del Tesoro, la medida adoptada por la OFAC se fundamentó en las designaciones previas de junio de 2020, que apuntaban a la firma Libre Abordo en México y a una extensa red acusada de comerciar ilegalmente con petróleo venezolano. En el comunicado se mencionó que la decisión apunta a desmantelar la estructura de individuos y entidades que han conspirado en la negociación de petróleo venezolano, valorado en cientos de millones de dólares.

La plataforma online de Jambanyani Safaris resaltaba la devoción de D’Agostino por estos viajes de aventura en África y cómo su pasión lo condujo a invertir en Zimbabue. El sitio web narraba una historia de encuentro y colaboración entre D’Agostino y Craig Doria, prestigioso guía de safaris de África Oriental. Al compartir múltiples expediciones, concibieron el Mobile Safari Camp, una iniciativa que fusiona el espíritu romántico y clásico de los safaris africanos.

El equipo de Jambanyani Safaris se fortaleció con la incorporación de Nigel Thiesen, un experimentado guía de safaris, quien fungiría como nexo entre las ricas zonas de caza de África Oriental y las célebres Cataratas Victoria.

Las sanciones impuestas por la OFAC a la empresa Jambanyani Safaris buscaban prevenir que Francisco D’Agostino empleara las cuentas bancarias asociadas con la empresa de safaris para realizar transferencias financieras que pudieran estar conectadas con otras actividades comerciales, incluida la comercialización de crudo suministrado por PDVSA.

La emblemática Son Galceran cambia de manos: De los March a los D’Agostino

En un cambio de rumbo que marcó el final de una era, la legendaria finca Son Galceran, joya de la Serra de Tramuntana mallorquina, fue adquirida en 2021 por el empresario venezolano Francisco Javier d’Agostino y su esposa Victoria Vargas, tras una década en el mercado inmobiliario. Esta transacción puso fin a la prolongada posesión de la propiedad por parte de la familia March, dejando atrás un capítulo significativo en la historia de la isla.

Ubicada estratégicamente entre Valldemossa y Deià, Son Galceran no es simplemente una propiedad más. Su legado se remonta al archiduque Lluís Salvador, quien en su momento dio cobijo a la emperatriz Sissi durante sus discretas visitas a Mallorca. La finca, dividida por la carretera que serpentea la Serra de Tramuntana, consta de dos edificaciones principales: una torre de vigía transformada en una residencia con piscina, y la casa principal, cuya construcción data de la época del archiduque.

La transición de Son Galceran a manos de la familia de Bartolomé March y Maritín Cencillo en el siglo XX marcó el inicio de una nueva etapa. Fue Juan March Cencillo quien, en las décadas de 1970 y 1980, elevó el estatus de la propiedad a niveles míticos. Sus veladas culturales y fiestas exclusivas atrajeron a la crème de la crème internacional, convirtiendo la finca en un imán para celebridades y figuras de alto perfil.

Tras el fallecimiento de Juan March Cencillo en 1992, su hermano Manolo heredó la propiedad. Conocido por su refinado gusto y habilidades como anfitrión, Manolo March Cencillo mantuvo vivo el espíritu de Son Galceran durante años, aunque de manera más discreta. Sin embargo, en 2011, tomó la decisión de poner la finca en venta, organizando incluso un mercadillo para desprenderse de objetos en desuso.

Francisco Javier d’Agostino y Victoria Vargas, los nuevos dueños de Son Galceran, no eran ya figuras ajenas a la controversia. Provenientes de familias acaudaladas venezolanas, su adquisición de la propiedad coincidió con un momento delicado en su trayectoria.

D’Agostino forma parte del grupo conocido como los «bolichicos», descendientes de familias adineradas venezolanas.

La elección de Mallorca como nuevo hogar para los D’Agostino-Vargas pareció responder a la necesidad de mantener un perfil bajo tras las acusaciones en su contra en Estados Unidos. A pesar de las conexiones que se les han atribuido con los gobiernos de Chávez y Maduro —alegaciones que la pareja ha negado—, su llegada a la isla representó un intento de distanciarse de los focos mediáticos, sin renunciar por completo a sus propiedades en Nueva York y Caracas.

La venta de Son Galceran no solo marcó el fin de una época para la familia March, sino que también reflejó el alto valor que se le atribuye a las propiedades históricas en Mallorca. Con un precio de venta reportado de 7,5 millones de euros en 2019, la finca ofrece 1.000 metros cuadrados de espacio interior, siete habitaciones con baño, amplias áreas comunes, una biblioteca privada, cine en casa y gimnasio, todo ello rodeado por 70 hectáreas de terreno que incluyen jardines meticulosamente diseñados.

A lo largo de los años, Son Galceran ha sido sinónimo de cultura y refinamiento. Desde los tiempos del archiduque Lluís Salvador hasta las veladas organizadas por los March, la propiedad ha sido testigo de innumerables encuentros entre personalidades del mundo de la cultura, la política y los negocios. Figuras como Michael Douglas, Catherine Zeta-Jones y Richard Branson han sido algunos de los ilustres visitantes que han disfrutado de la hospitalidad de la finca.

 

Una historia de conexiones familiares y controversias financieras

En el entramado de relaciones entre la alta sociedad española y venezolana, destaca la figura de Francisco Javier D’Agostino, cuyo papel como intermediario en el romance entre Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas ha dejado una huella imborrable en ambos círculos sociales. Este enlace, que comenzó en Caracas durante la boda de D’Agostino con María Victoria Vargas, hermana de Margarita, sentó las bases para una serie de conexiones familiares y empresariales que han sido objeto de escrutinio público.

El encuentro fortuito en la capital venezolana entre Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas, entonces estudiante de Pedagogía en la Universidad Metropolitana, floreció en una relación que culminó en una ceremonia nupcial en la República Dominicana. La boda, celebrada en la iglesia San Estanislao de Cracovia en La Romana, contó con D’Agostino como uno de los testigos del novio, solidificando así los lazos entre ambas familias.

La unión de las hermanas Vargas se fortaleció tras la trágica pérdida de su hermano a los 18 años, único varón de la familia Vargas Santaella. Este vínculo fraternal se extendió al ámbito profesional, donde tanto Luis Alfonso de Borbón como Francisco D’Agostino ocuparon puestos directivos en el ahora desaparecido Banco Occidental de Descuento (BOD), institución financiera que fuera propiedad de Víctor Vargas, suegro de ambos.

La familia Vargas ha enfrentado especulaciones sobre sus vínculos con los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela. Estas alegaciones han sido consistentemente rechazadas por el magnate Víctor Vargas y su entorno familiar, quienes han mantenido una postura de negación ante tales acusaciones.

En el panorama familiar, Carmen Leonor Santaella, madre de las hermanas Vargas y exesposa de Víctor Vargas, ha emergido como una figura de apoyo crucial para las hermanas. Tras su divorcio, Santaella ha optado por pasar largas temporadas en Madrid, manteniendo un perfil discreto en el ámbito social. Conocida por su carácter afectuoso y su compromiso con causas benéficas, Santaella se ha convertido en un pilar fundamental para su hija Victoria y su yerno, Francisco D’Agostino, especialmente en tiempos de adversidad.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos señaló a Francisco D’Agostino como presunto partícipe en la red de negocios opacos liderada por Alex Saab, empresario colombiano que actualmente funge como presidente del Centro Internacional de Inversiones Productivas (CIIP) de Venezuela.

La historia de los D’Agostino, Vargas y Borbón ilustra cómo las conexiones personales pueden entrelazarse con intereses empresariales y controversias políticas, creando un tapiz complejo de relaciones internacionales que trascienden las fronteras nacionales y las esferas sociales.


 

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